En distintos lugares del Perú, mujeres que antes enfrentaban barreras económicas y sociales están descubriendo nuevas oportunidades para transformar sus vidas. A través de los proyectos impulsados por la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, la formación, el acompañamiento y el fortalecimiento de capacidades se han convertido en herramientas concretas para promover la autonomía, la dignidad y la esperanza.
En Cajamarca, Yuli participa en el Taller de Repostería Semi-Avanzada del Centro de Apoyo a la Mujer Santa María Eufrasia. En apenas siete meses ha perfeccionado sus conocimientos en la elaboración y decoración de tortas, permitiéndole iniciar un pequeño emprendimiento desde casa. Hoy recibe pedidos personalizados y genera ingresos que contribuyen al bienestar de su familia, demostrando que el acceso a una formación de calidad puede abrir nuevos caminos hacia un futuro más digno.
Mientras tanto, en la comunidad campesina de Cuyuni, Cusco, un grupo de mujeres decidió organizarse para cambiar una realidad marcada por la exclusión. Después de capacitarse en tejido, gestión de emprendimientos, liderazgo y comercialización, lograron crear su propia organización y acceder a nuevos mercados gracias al acompañamiento de la misión Wasinchis Agustina Rivas y al trabajo conjunto con instituciones aliadas.
Además de aprender nuevas técnicas, fortalecieron su autoestima y desarrollaron la confianza necesaria para administrar su propio negocio. Hoy comercializan prendas tejidas tanto en su comunidad como en la ciudad del Cusco, alcanzando una venta histórica de S/ 1,080 y demostrando que el verdadero cambio comienza cuando las mujeres descubren su propio potencial.
Alicia Huamán, integrante de la organización de emprendedoras, resume esta transformación con sencillez:
«Me preguntaron quién era y al principio me dio miedo… pero respondí con orgullo: ‘Soy socia de mi organización y vengo a saber si nuestros tejidos se han vendido’.»
Estas historias reflejan el compromiso permanente de la Congregación del Buen Pastor por acompañar procesos de desarrollo integral que permiten a las mujeres fortalecer sus capacidades, generar oportunidades económicas y convertirse en protagonistas de sus propias vidas. Más allá de los ingresos obtenidos, el mayor logro es la confianza recuperada, el liderazgo construido y la certeza de que cada persona posee talentos capaces de transformar su realidad cuando encuentra acompañamiento, formación y una comunidad que cree en ella.







